Llevo meses considerando cancelar mi suscripción a Netflix, luchando por justificar su valor. Aunque quizá no me interese el flujo constante de realities de la plataforma, la magnitud de su catálogo me sigue conquistando. Siempre hay algo que ver, incluso cuando "no hay nada que ver".
Esto parece una resaca de la era del COVID, cuando el consumo de contenido digital se disparó y los servicios de streaming, los editores digitales y las plataformas de redes sociales sacaron provecho de ello. El fácil acceso al contenido era de suma importancia para los consumidores que tenían poco más en qué gastar su tiempo y dinero.
Ahora que el mundo está firmemente en la fase pospandémica, he comenzado a preguntarme si se avecina una caída en la economía de suscripción, especialmente considerando la predilección de los bancos centrales por las subas de las tasas de interés como un medio para aplastar la inflación.
Y, sin embargo, ese no parece ser el caso, según FIPP y Piano Informe de suscripción digital global del cuarto trimestre de 2022





